EL VENGADOR DEL FUTURO

DIRECCIÓN: Len Wiseman
TÍTULO ORIGINAL: Total Recall (2012)
PAÍS: Estados Unidos, Canadá
GUION: Mark Bomback, Kurt Wimmer, sobre un relato de Philip K. Dick
FOTOGRAFÍA: Paul Cameron
MÚSICA: Harry Gregson-Williams
DURACIÓN: 118 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga| @jcromero

Aunque lleva el mismo nombre de la cinta rodada por Paul Verhoeven y protagonizada por Arnold Schwarzenegger en 1990, la segunda adaptación cinematográfica del relato corto de Philip K. Dick, "Podemos recordarlo todo por usted", sucede en un futuro distópico, en un mundo que se ha enfrentado ya a un colapso ambiental que ha dejado sólo dos territorios habitables: la Federación Británica Unida, (FBU) habitada por ciudadanos de primera clase, y la Colonia, donde vive la clase obrera explotada, la cual paradójicamente fabrica los miles de robots que actúan como cuerpo represor de los poderosos.

Douglas Quaid (Colin Farrell) es un miserable empleado asalariado, agobiado por sus pesadillas, atrapado en una línea de produción con ganas de tener una vida que no puede excepto por medios artificiales, así que decide ir a Rekall, una empresa dedicada a implantar recuerdos falsos para quien no puede tener experiencias significativas, así que Quaid escoge ser un agente secreto y miembro de la resistencia contra el régimen totalitario de la FBU. El procedimiento crea una paradoja pues revela que el protagonista sí es un agente entrenado cuya misión se hallaba enterrada en su subconsciente.

Pese a la convicción con la que los actores desempeñan sus papeles (particularmente Kate Beckinsale en el papel de la esposa de Quaid), El vengador del futuro vale apenas por sus efectos especiales y la creación de impresionantes escenarios fríos, sombríos y pálidos, hipertecnologizados y decadentes. El hilo narrativo lo compone una interminable y frenética persecución de videojuego en locaciones laberínticas y abundantes combates cuerpo a cuerpo que pretenden ocultar numerosas inconsistencias.

Lo cierto es que excepto por algunos breves minutos, el director no logra establecer ese tono ambiguo que de sí tiene la historia original, ese juego entre realidad y fantasía, ya que desde la primera escena Wiseman (no muy sabio) mata una pieza que debería ser puro suspenso. Así, la cinta va convirtiéndose en un espectáculo hueco, cuyo guion muestra sus costuras todo el tiempo y que muestra al protagonista ridículamente más preocupado por la furia de su ex esposa que por luchar contra... contra... ¿contra qué era que luchaba el protagonista? Paradójico, que una cinta sobre la capacidad para regalar memorias significativas deje tan mal recuerdo.

 
 
 
 
  

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