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V DE VENGANZA

DIRECCIÓN: James McTeigue
TÍTULO ORIGINAL: V for Vendetta (2005)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido, Alemania
GUIÓN: Andy Wachowski, Larry Wachowski, basados en la novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd
FOTOGRAFÍA: Adrian Biddle
MÚSICA: Dario Marianelli
DURACIÓN: 132 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

V de Venganza es una locura estupenda, y no dudo que así lo será para la mayoría de quienes no conocieron la novela gráfica realizada por Allan Moore, en la cual está basada. Lo fascinante de ella quizás sea que su héroe resulta ser absolutamente todo lo contrario; un activista regido por antivalores y para quien el terror, el caos y la clandestinidad lo son todo.

Escrita y producida por los hermanos Wachowski, creadores de Matrix, la cinta prescinde casi en absoluto de los efectos especiales y del nivel de espectacularidad de aquella. Casi todo lo relevante descansa en el discurso ideológico que da sentido a las acciones del protagonista.

Situada en Londres, algunos años en el futuro, V de Venganza desarrolla la idea de un mundo más incierto y hostil en el que la gente ha cedido casi por completo sus libertades a cambio de seguridad, delegando en el Estado la facultad de imponer todas las leyes y sanciones necesarias para ello.

Sin llevar hasta el extremo la idea del mundo feliz de Aldous Huxley, esta Inglaterra del 2020 está bajo el control de un régimen totalitario: medios oficiales y oficiosos, policía secreta, espionaje, desapariciones, represión del pensamiento y la expresión libres...

De ese clima de descomposición, con opinadores a sueldo y jerarcas católicos pedófilos amparados por el poder, surge "V", un terrorista oculto bajo una sonriente máscara de Guy Fawkes -un personaje revolucionario que en 1605 intentó fallidamente volar el parlamento inglés-, quien logra burlar el enorme aparato represivo y amenazarlo con llevar a cabo los planes que éste no pudo realizar en el siglo XVII.

Por circunstancias no exactamente planeadas, Evey (Natalie Portman), la hija de una pareja de activistas se cruza en su camino. El suyo no es propiamente un personaje que incida de manera determinante en el orden que guardan los acontecimientos, pero permite entender muy bien el mundo interno del terrorista y el proceso para crear un monstruo (los cinco minutos posteriores a su liberación tras un largo secuestro son formidables en su intensidad).

La rara fascinación que produce "V" -en realidad al principio su careta lo hace parecer grotesco- proviene de su "violencia ilustrada" un poco a la manera de Hannibal Lecter; el sujeto es un buen lector de Shakespeare, sabe de música y es un excelente cocinero y esgrimista. Junto con ello, hay que ponderar que Hugo Weaving no muestre una sola vez el rostro, aceptando el peso de un protagónico "anónimo".

No pocas lecturas acerca del personaje han ubicado la historia como una apología del terrorismo. Pero por el otro lado está la crítica velada (y a lo mejor no tan velada) al pueblo estadounidense de la etapa posterior al 9/11 que ha aceptado regresar al oscurantismo de un gobierno censor, que alega razones de seguridad nacional y que usa el miedo como arma contra sus propios ciudadanos.

Como sea, el que el público pueda encontrar una idea o un atisbo de inspiración en una inexpresiva máscara, ya es un gran logro de esta producción. Es cierto que el final resulta demasiado idealizado y quizás panfletero en la idea de que "V" se vuelve una representación de todos y cada uno de los oprimidos, sobre todo cuando hoy día los caudillos y los mártires no aspiran más que a ser imagen para una camiseta. Sin embargo, la idea de levantarse y devolver a los miserables golpe por golpe es seductora; la venganza contra el abuso se anida en lo más recóndito de nuestros cuerpos y verla en pantalla —digámoslo con cierta culpa— emociona.

 
 
 
 
       

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