TODO UN PARTO

DIRECCIÓN: Todd Phillips
TÍTULO ORIGINAL: Due Date (2010)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Alan R. Cohen, Alan Freedland, Adam Sztykiel, Todd Phillips
FOTOGRAFIA: Lawrence Sher
MÚSICA: Christophe Beck
DURACIÓN: 100 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Peter Highman (Robert Downey Jr.) es un arquitecto y padre primerizo, desesperado por tomar un vuelo de Atlanta a Los Ángeles para estar en el alumbramiento de su esposa. En el mismo avión viaja Ethan Tremblay (Zach Galifianakis), un tipo exasperante quien dice ser un actor en busca de una oportunidad, pero cuya cretinez los hace terminar a ambos en un auto rentado, cruzando el país por carretera.

Comedia sobre dos hombres con personalidades en conflicto y obligados a convivir en condiciones incómodas, al menos para el más conservador de ellos, Todo un parto reelabora temáticas y situaciones que hemos visto antes en otras películas. Sin embargo, hay un componente melodramático bastante logrado que dota a la cinta de corazón y hace que ésta no sea un total desperdicio.

Incómoda, al grado de retar por momentos la paciencia del espectador, el director Todd Phillips intenta acercarse con su película al tono desmadroso y entrañable de las cintas de Judd Apatow, donde la entrada definitiva a la madurez y las responsabilidades se imponen como el gran tema. En ese sentido, la cinta tiene logros discretos.

En el primer tramo del filme, Galifianakis y su humor crudo pueden empujarlo a uno casi fuera de la sala; sin embargo, hay una escena clave en la que el actor cambia completamente de registro y el sujeto estúpido que imprudentemente lleva las cenizas de su padre muerto en una lata de café, se sincera para producir el momento quizá más honesto de toda la película.

La química entre Downey Jr. y Galifianakis es suficiente para sacar adelante incluso los peores momentos de la trama —como esa inverosímil incursión en territorio mexicano—, pero no impiden advertir el desperdicio de Jamie Foxx, Danny McBride, Michelle Monaghan o Juliette Lewis en los papeles secundarios, sin importar qué tan atinadas sean sus breves intervenciones.

Estamos a final de cuentas ante una comedia entretenida, con un guion que luce incluso momentos de cierta brillantez, pero que si realmente vale algo es por esas escenas en que Peter obliga a Ethan a mostrarle que de verdad es un actor y no sólo un payaso inmaduro. Sí hay un actor, y de los buenos.

 
 
 
 
       

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