SPIDER-MAN 2

DIRECCIÓN: Sam Raimi
TÍTULO ORIGINAL: Spider-Man 2 (2004)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Alvin Sargent
FOTOGRAFIA: Bill Pope
MÚSICA: Danny Elfman
DURACIÓN: 127 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Entre las mejores películas de superhéroes, entre las más auténticas, Spider-Man 2 , de Sam Raimi, muestra como pocas la carga en que puede convertirse la responsabilidad más noble si ésta obliga a renunciar o a enterrar sueños. El conflicto no podría ser más genuino: el héroe de esta película es posiblemente la esperanza de muchos, pero también es demasiado joven para llevar tanta carga encima.

Peter Parker (Tobey Maguire) no sólo intenta estudiar y sacar adelante su carrera universitaria. Siente la obligación salvar a todos, hacer el trabajo que policías y rescatistas no pueden, pero incumple con todo lo demás. Incapaz de mantener un empleo para pagar la renta de su pequeño departamento, al final del día, termina tan exhausto y agobiado, que rompe sus promesas y decepciona a todos.

La vida de superhéroe se vuelve insoportable, pero hasta aquí no hay intervención de villano o amenaza alguna. Es la culpa por ser responsable indirecto de la muerte de su tío Ben, y la frustración por haber perdido a la única mujer que le interesa (Kirsten Dunst) lo que lo pone en el punto de querer abandonarlo todo. Es así que el director Sam Raimi vincula su película con un momento icónico del mundo de los comics, reproduciendo una escena de The Amazing Spider-Man #50, cuando Peter Parker renuncia a su identidad secreta y lanza su traje a la basura.

Spider-Man 2 aporta algo fundamental a este universo de historias fantásticas: personajes creíbles. El guion es lo suficientemente inteligente para involucrar al espectador en el juego de suspensión de la incredulidad, de modo que cuando por fin el villano irrumpe en la historia, lo hace como un ser dotado de humanidad, ávido de conocimiento y con verdadera vocación de mejorar el mundo. Pero el doctor Otto Octavius (Alfred Molina) es víctima de sus errores en el laboratorio y termina atado a cuatro brazos mecánicos que nublan su juicio y lo hacen un peligro.

Mientras el gran conflicto de otros héroes es encontrar su lugar en un mundo al que rescatan con sus poderes, pero al cual no pertenecen, Spider-Man se reconoce en otros ciudadanos y ellos en él. Peter Parker vuelve a ponerse el traje del Hombre Araña no porque la ciudad o la gente lo necesiten, sino porque se acepta como alguien excepcional que puede hacer una diferencia.

Los logros del departamento de efectos especiales en la creación digital de las secuencias de acción son dispares; por momentos se advierten demasiado los trucos, lo que resta algo de realismo. Pero afortunadamente, los defectos no logran alejar la trama de su línea principal: el regreso del héroe para defender nada más que los valores que le han inculcado sólo que con un poco más de sabiduría.

 
 
 
 
 
  
 

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