SOY LEYENDA

DIRECCIÓN: Francis Lawrence
TÍTULO ORIGINAL: I am Legend (2007)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Mark Protosevich, Akiva Goldsman, basado en la novela de Richard Matheson
FOTOGRAFÍA: Andrew Lesnie
MÚSICA: James Newton Howard
DURACIÓN: 101 minutos

 
       

Héctor Campio López| @campiolopez

Soy leyenda (I am legend, 2007) es un producto malogrado de la combinación entre el género de acción, el horror y la ciencia ficción.

Su primera secuencia es un prólogo prometedor para una historia de supervivencia humana en el futuro: un hombre, armado con un rifle de mira telescópica y a bordo de un automóvil a toda velocidad, persigue a una manada de ciervos que corre por las avenidas de Nueva York. Este cazador posmoderno habita solitario en una urbe quieta, invadida por hierbajos de casa abandonada, como en medio de las ruinas de una civilización antigua.

La explicación a tal desolación tiene un origen biológico. No se trata de una premisa nueva. La versión más vieja puede rastrearse hasta El último hombre sobre la tierra (1964) y las más recientes verse en Exterminio (2002) o Resident evil (2002). Podría decirse que Soy leyenda es una variante de estas dos últimas.

Hasta pasada su primera mitad, la película centra su atención el doctor Neville (Will Smith), superviviente al desastre que acabó con toda la humanidad, y que le da sentido a su existencia buscando la cura para el virus.

El actor se enfrenta a un guion irregular que trata de mostrar en distintas escenas a un personaje mentalmente perturbado. La interpretación, sin embargo, es convincente; conmovedora en las situaciones donde se relata la separación de Neville y su familia o la pérdida de su mascota. Por otra parte, existen secuencias de suspenso bastante efectivas y que tienen que ver con la horrible raza de zombies humanos.

La profunda soledad de personaje central dota de un aura melancólica y esquizoide a la primera parte de la película. El doctor Neville ha poblado su mundo con maniquíes de tienda departamental y entablado tristes relaciones humanas con ellos (tal como Tom Hanks hablaba con su balón en Náufrago (2000)

De pronto, la magia se termina. Un nefasto giro en el guion convierte a la película en un panfletario discurso filantrópico y pacifista en el que nadie cree, especialmente si viene de la boca de algún gringo.

La segunda parte de la película, corresponde pues a todo aquello que hace aborrecible a Michael Bay (quien no es director de esta película, pero que bien podría serlo), es decir, la autoinmolación heroica, los mensajes romántico-ecologistas, temas musicales de las décadas pasadas, el combate en contra del destino irremediable.

Se trata de una versión desnutrida de Children of men (2006), sin sus alcances reflexivos sobre la extinción humana, o en todo caso, de un Exterminio inyectado con anabólicos y con un final más feliz.

 
 
 
 


 
       

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