SERPIENTES A BORDO

DIRECCIÓN: David R. Ellis
TÍTULO ORIGINAL: Snakes on a Plane (2006)
PAÍS: Estados Unidos, Alemania, Canadá
GUION: John Heffernan, Sebastian Gutierrez
FOTOGRAFÍA: Adam Greenberg
MÚSICA: Trevor Rabin
DURACIÓN: 105 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Antes de haber sido exhibida por primera vez en las salas de cine, Serpientes a bordo ya había alcanzado una notoriedad poco usual en Estados Unidos. Desde meses atrás, la cinta generó un extraño fenómeno en internet que la elevó al nivel de un filme de culto.

El creciente interés sobre todo en los blogs y los foros de discusión le dio a la película un giro rara vez experimentado: el director, David R. Ellis, y la productora, New Line Cinema, decidieron responder a las expectativas que se habían generado en un público que ni siquiera había visto el trabajo. No sólo se rodaron escenas nuevas en marzo de este año -que hicieron que la clasificación cambiara de PG-13 a R-, sino que se realizaron cambios con el fin de insertar en el guion una frase que los potenciales espectadores exigieron incluir: "Enough is enough. I have had it with these motherfuckin snakes on this motherfuckin plane" ("ya tuve suficiente de esas jodidas serpientes en este jodido avión").

Parece un absurdo plantear que Serpientes a bordo pueda convertirse en un filme de culto, pero el debate, desde hace varios meses, es real. Es un hecho. Si actores como Samuel L. Jackson y Julianna Margules terminaron metidos en lo que  parece una de las peores cintas de los últimos diez años, esto se debe a que Snakes on a plane -nótese la provocativa simpleza del título original- era un proyecto ambicioso; un regreso del llamado cine de serie b, de bajo presupuesto, ligado generalmente al terror y la ciencia-ficción y casi siempre eficiente a la hora de capitalizar los miedos y las fobias del público.

La trama está perfectamente explicada en el título original, de modo que nadie podrá decirse engañado. Un joven es testigo de un brutal asesinato a manos de un jefe de la mafia llamado Eddie Kim. Un agente del FBI, Neville Flynn (Samuel L. Jackson) lo pone a salvo y lo persuade de declarar ante una corte de Los Angeles, así que toman el vuelo 121 de Pacific Air, en el que los asesinos se encargan de introducir previamente cientos de exóticas y letales serpientes a las que acicatean usando feromonas en los pasajeros.

Los reptiles empiezan a distribuirse por la nave, a emerger de los compartimentos de equipaje, a desdoblarse con las mascarillas de oxígeno; la infinidad de posibilidades da lugar a escenas de un humor muy forzado que incluyen una serpiente mordiendo los genitales de un tipo que se encuentra en los servicios del avión, o cortes de un cuestionable gusto que implican la muerte de una gorda y de una pareja que intenta tener sexo a diez mil pies de altura.

En el colmo de lo absurdo -aunque de lo mejor de la cinta- se encuentran varios diálogos de la parte final, cuando el aparato vuela ya sin piloto y se necesita un héroe que salve a todos de una muerte segura. El intercambio entre la cabina y la torre de control está tan lleno de despropósitos que es imposible no reírse cuando el agente Flynn da gracias a Dios por la creación del PlayStation (esperen a verlo y me entenderán).

Serpientes a bordo puede llenar las expectativas de un público bien predispuesto —y me atrevería a decir casi prefabricado—, que incluso influyó en el resultado final, pero también pone en evidencia a su director David R. Ellis, quien no termina por hacer ni un thriller de buena altura ni una película totalmente desenfadada como llega a serlo por momentos.

El tipo es incapaz de disparar ese miedo primario y esa auténtica repulsión que muchos sienten por las víboras, al tiempo que nos enseña -igual que lo hizo en Celular, el anuncio de teléfonos Motorola más largo que se haya hecho- que su idea creativa se limita a obedecer las órdenes de los ejecutivos de los estudios.

El único que pareció entender de qué se trataba todo, es Samuel L. Jackson, quien como primera condición para trabajar en el filme exigió no modificar bajo ninguna circunstancia el título original.

Fuera de un par de actores más, el reparto cumple con la característica de un filme de serie b al incorporar caras que uno puede identificar casi siempre en planos secundarios; se nota la limitación de recursos, los efectos especiales son de dudosísima calidad, lo mismo que el desempeño actoral de algunos pasajeros y miembros de la tripulación, quienes se bajan del avión como si nada hubiese pasado, listos para irse a tomar un café.

Es decir, había elementos para una película tan mala como memorable, pero el realizador termina poniéndonos en las manos un trabajo disparejo, que canjea el humor negro por chistecitos adolescentes y que nos deja deseando más en cuanto a la acción.

No habría que descartar la realización de secuelas de Serpientes a bordo. En manos de un buen director podríamos ver algo más consistente.

 
 
 
 
  

CANAL RSS
YOUTUBE
CONTÁCTANOS


DISTRITO CINE. Los contenidos de este sitio están sujetos a una licencia Creative Commons 2.5, con excepción del material (fotos, imágenes, videos) procedente de terceros.