PRESUNTO CULPABLE

DIRECCIÓN: Roberto Hernández, Geoffrey Smith
TÍTULO ORIGINAL: Presunto culpable (2008)
PAÍS: México
GUION: Roberto Hernández, Layda Negrete
FOTOGRAFÍA: John Grillo, Amir Galván, Lorenzo Hagerman, Damián Sánchez
MÚSICA: Raúl Vizzi, Camilo Froideval, Antonio Zúñiga, La Mafia Azteca
DURACIÓN: 87 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Por mucho la mejor cinta mexicana que veremos en 2011, Presunto culpable muestra la capacidad infinitamente superior que hoy tiene el documental sobre otros géneros en nuestro país para conectar con el espectador y hablarle de temas que le son cercanos y conocidos.

Producto del intenso trabajo y de la porfía de Roberto Hernández y Layda Negrete, ambos abogados, profesores e investigadores del CIDE, la cinta toma un caso aisaldo, pero sumamente representativo del deplorable estado general que guarda el sistema de justicia mexicano, en el que 92% de las acusaciones se basa puramente en dichos y 93% de los procesados nunca tiene contacto con el juez que lleva su caso.

La pareja de abogados decidió estudiar el caso de José Antonio Zúñiga, un joven comerciante de Iztapalapa y cantante amateur de hip hop, acusado de asesinato y sentenciado a 20 años de prisión, tras un juicio plagado de irregularidades, por un juez que ignoró toda la evidencia presentada en su favor. Hernández y Negrete sientan un precedente; no sólo obtuvieron la autorización de las autoridades penitenciarias para entrar a los juzgados y filmar las diligencias con una cámara de cine, sino que en su trabajo consiguieron la anulación de la primera sentencia condenatoria y la reposición del juicio contra Toño.

Lo que la cámara hace a continuación es desnudar la manera en que el juez se limita a reafirmar sus propios prejuicios, desdeñando las pruebas de descargo presentadas por la defensa, las inconsistencias en la integración de la averiguación previa y las contradicciones en las declaraciones de los testigos, vulnerando el derecho elemental de cualquier inculpado a un debido proceso.

El espléndido trabajo de edición añade al documental un elemento dramático que conecta a nivel emotivo con el público. Presunto culpable se convierte en un relato angustioso, porque lo endeble de la acusación y los resultados objetivos de la investigación criminalística, dan de frente con el engreímiento de un juez que de antemano ya decidió sobre la culpabilidad del acusado y por lo tanto copia casi línea por línea su primera sentencia para condenarlo de nuevo a 20 años en la cárcel.

A la par de evidenciar un proceso viciado y tramposo, el gran valor de este documental está en la historia de dedicación que el montaje permite ver y la distancia que los realizadores logran tomar respecto de elementos que podrían contaminar su trabajo y volverlo una pieza demagógica. El discurso, no me queda duda, es que dentro y fuera de la cárcel hay vida. La agonía está en ese purgatorio que se encuentra en el medio de ambos lugares: la sala de audiencias del juzgado, donde un juez reescribe el pasado de una persona para volverla un criminal.

 
 
 
 
  

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