EL PRECIO DEL MAÑANA

DIRECCIÓN: Andrew Niccol
TÍTULO ORIGINAL: In Time (2011)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Andrew Niccol
FOTOGRAFÍA: Roger Deakins
MÚSICA: Craig Armstrong
DURACIÓN: 109 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

El dinero como equivalente a tiempo de vida, la posibilidad de comprar años, de regalarlos, de acceder a algo parecido a la inmortalidad. El precio del mañana es una ficción futurista que si bien plantea algunas de estas cuestiones, se agota en una crítica superficial al sistema y un mensaje edulcorado sobre disfrutar cada minuto, cada respiro, cada... bueno, ya me entendieron.

La historia sucede en un mundo en el que la ciencia ha logrado que el proceso de envejecimiento se detenga a los 25 años, luego de lo cual la vida sólo se puede prolongar si la persona consigue tiempo, ya sea como salario por su trabajo, como préstamo o bien, robando. Todos los seres humanos llevan en el brazo un reloj en cuenta regresiva y los países están divididos en zonas horarias, las cuales se diferencian por la capacidad adquisitiva de sus pobladores.

Will Salas (Justin Timberlake) es habitante de un barrio miserable a quien un hombre aburrido de vivir decide regalarle todo un siglo. Con esa fortuna en su reloj biológico, Will decide trasladarse a otra zona horaria, donde se propone vivir a todo lujo, convivir con familias poderosas y fraternizar incluso con las niñas mimadas de ese estrato social, entre las cuales Sylvia Weis (Amanda Seyfried) parece la más interesante por su renuencia a vivir bajo el cuidado de guardaespaldas que le impiden ser libre.

El planteamiento del director Andrew Niccol tiene algunos elementos interesantes. Los pobres tienen características que les son propias, como el ir deprisa a todas partes, pues deben ahorrar tiempo; las muertes, por otro lado, mantienen el equilibrio poblacional en los barrios más marginados. Sin embargo, el discurso sobre justicia social que Niccol intenta postular es en exceso ingenuo, digno de una estrella del pop que cree salvar al mundo con teletones en beneficio de África.

En este apocalipsis con estilo, los pobres son los únicos que viven, pues tienen tan poco que exprimen cada minuto. En contraste, aunque sus esposas e hijas parezcan modelos de Victoria's Secret, los ricos son seres movidos por la ambición, que viven aburridos e insatisfechos en sus enormes mansiones. Simplistamente, es mejor vivir con un Plan Amigo y vivir abonando 20 pesos, que tener un plan de minutos ilimitado para llamar o navegar en internet. Si a esas vamos, con sus casi dos horas de duración, El precio del mañana nos queda a deber una lana.

 
 
 
 
  

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