PARAÍSO

DIRECCIÓN: Mariana Chenillo
TÍTULO ORIGINAL: Paraíso (2013)
PAÍS: México
GUION: Mariana Chenillo; basado en un relato de Julieta Arévalo
FOTOGRAFÍA: Yaron Orbach
MÚSICA: Darío González
DURACIÓN: 103 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Mariana Chenillo tiene talento para los retratos cotidianos, los relatos sencillos. Paraíso, su segunda cinta como directora, es exactamente eso: una mirada a una clase media educada en viejos valores, de una vida más simple, que pierde algo de su inocencia cuando se enfrenta al rostro menos amable de una ciudad como la de México.

Sus protagonistas son Carmen (Daniela Rincón) y Alfredo (Andrés Almeida), una pareja con problemas de obesidad que decide trasladarse a la capital para aprovechar una oportunidad de trabajo que se presenta para él. Los inconvenientes aparecen pronto, pues se ven obligados a cambiar su casa por un departamento junto a una escuela primaria, pero también a lidiar con el transporte público y con un nuevo grupo social que los mira como personajes de un cuadro de Botero y al cual hay que complacer.

Ambos se inscriben en una clínica para bajar de peso e inician una dieta en la que él, el más renuente a participar, termina siendo quien más kilos pierde, mientras el matrimonio entra en crisis a la misma velocidad. La inicial historia de amor se centra entonces en la relación de Carmen consigo misma; mientras él se enrola en un nuevo estilo de vida, ella no logra encontrar su sitio. Se siente inadecuada, así que comienza a ocultar aquellas cosas que realmente la motivan y que podría mostrar con orgullo.

La directora descubre espacios con su historia y logra que sucedan cosas en ellos que hacen darle tonalidades a la cinta. En la clínica de reducción, gestionada por Luis Gerardo Méndez, se da una parodia estupenda del discurso motivacional y voluntarista que intenta impulsar un negocio, sin ocuparse de las personas más allá de los números en la báscula; al otro lado de la calle y en contraposición a ese mundo de restricciones aparece un grupo de cocina gallega, formado de mujeres ruidosas, impulsoras y solidarias.

Sin embargo, Chenillo voltea demasiado pronto la vista de ahí y abandona ese ambiente sororal en el que parecen crecer otras historias y personajes que podrían tener algo más que aportar a su propio relato, acerca del juicio de los cuerpos y los estereotipos. Por momentos, la trama cojea en su lógica interna y en la creación de situaciones artificiosas que no aportan realmente a lo que busca contar, la realizadora coloca en punto ciego otros elementos valiosos que desatiende.

Al final, Paraíso plantea que la necesidad de cambio es antes que nada un resultado de la autocrítica y no la imposición de estándares. Lo hace con sentido del humor, sin sermones y con buenos momentos, que ya es bastante.

 
 
 
 
  

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