NOSOTROS LOS NOBLES

DIRECCIÓN: Gary Alazraki
TÍTULO ORIGINAL: Nosotros los Nobles (2013)
PAÍS: México
GUION: Gary Alazraki, Adrián Zurita, Patricio Saiz
MÚSICA: Benjamín Shwartz
FOTOGRAFÍA: José Casillas
DURACIÓN: 90 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Lejos del cine pretencioso y sin oficio que sobreabunda en discursos sobre los abismos sociales, buscando que la voz impostada llene de contenido un producto pobre y maniqueo, Nosotros los Nobles juega desde la comedia ligera y los estereotipos de clase a reconocerse en los personajes de una historia que intenta con relativo éxito ser una puesta al día de El gran calavera, aquella cinta que Luis Buñuel filmó en 1949.

Germán Noble (Gonzalo Vega), un viudo dueño de una importante empresa constructora, se da cuenta de que sus hijos Bárbara (Karla Souza), Javi (Luis Gerardo Méndez) y Charlie (Juan Pablo Gil) están desperdiciando su vida; tienen todo, no trabajan y gastan sin límite. El millonario decide entonces fingir una operación fraudulenta, la posterior quiebra de su empresa y la pérdida de todas sus propiedades, en un intento desesperado por darles una lección sobre el trabajo y el esfuerzo.

Si en la cinta de 1949, Fernando Soler era un jefe de familia terrible, un borracho que abría la oportunidad a los demás para quemarse el patrimonio familiar, en Nosotros los Nobles, Gonzalo Vega juega un papel mucho más sensato y serio, una suerte de conciencia en la historia que no deja de tener su responsabilidad grande en la formación de un grupo de mediocres.

Gary Alazraki, el director debutante, estira sus premisas y situaciones hasta lo caricaturesco, abraza sin pudor los prejuicios de clase sobre ricos y pobres y los devuelve como personajes reconocibles en varios ámbitos. Por un lado, los juniors holgazanes con tarjeta de titanio y su variante hipster con apellido y posición social, pero el intelecto y la espiritualidad de un recibo de la luz. Por el otro, los pobres de corazón de oro, ñeros como ellos solos, pero nobles, solidarios, trabajadores y llenos de sueños.

Si la cinta sobrevive a este desfile de lugares comunes, se debe a un guion que apuesta fundamentalmente a la comedia sin pretensiones, sin chantajes emocionales ni escenas forzadas de ricos arrepentidos que acuden a pedirle a los pobres un rinconcito en su corazón, pues se sienten solos con sus millones.

Hay una buena conducción y un sentido de la comedia que evita que en sus extremos las situaciones se tornen ridículas, pero que además convence al espectador de volverse cómplice y aceptar las premisas más inverosímiles del guion. El otro gran acierto es la elección de los protagonistas, tres actores jóvenes sin gran nombre, pero notable capacidad para ponerse el traje de un grupo de buenosparanada, fatuos pero con ínfulas, con la misma espontaneidad de un personaje del programa Sin Filtro, sólo que con mucho más entretenido.

 
 
 
 
  

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