MISIÓN: IMPOSIBLE III

DIRECCIÓN: J.J. Abrams
TÍTULO ORIGINAL: Mission: Impossible III (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Alex Kurtzman, Roberto Orci, J.J. Abrams
FOTOGRAFÍA: Daniel Mindel
MÚSICA: Michael Giacchino
DURACIÓN: 126 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Créanlo o no, Misión: Imposible III es una muy buena cinta de acción. Tiene en su favor un muy buen ritmo desde el arranque; la actuación del excelente Philip Seymour Hoffman, quien regresa a los papeles secundarios, y un trabajo de efectos especiales muy logrado.

Incluso Tom Cruise, siempre sobreactuado —sobre todo en los momentos en que tiene que parecer muy afectado—, logra sacar decorosamente su personaje, muy por encima de lo que hizo en La guerra de los mundos.

No obstante, dentro de los excesos propios del cine de acción y en particular de lo que puede esperarse de una franquicia como Misión Imposible, la cinta de J.J. Abrams —más conocido por su dirección de series como Lost y Alias— tiene dos momentos desmedidamente inverosímiles: el primero, un ataque aéreo contra población civil sin que nadie en Estados Unidos se inmute, y una de las secuencias finales en la que una inocente y dulce médico se convierte en una experta manejando una glock semiautomática.

De acuerdo con lo que uno puede entender de la cinta, Ethan Hunt (Cruise) ha dejado el servicio activo y sus trabajos más recientes han consistido en formar a nuevos espías, lo que le ha permitido establecerse con una joven doctora de la cual, uno adivina, está enamorado.

Como puede suponerse, causas de fuerza mayor obligan a Ethan a volver y a reunir un equipo de expertos que le ayudarán a cumplir su misión, que es recuperar un arma biológica, aunque con la sospecha de que entre ellos existe un traidor.

La película se inicia con una secuencia tensa. Owen Davin, el villano interpretado por Hoffman, aparece involucrado en un duro diálogo con el protagonista; en cuestión de tres minutos las palabras suben de tono, de modo que antes de la aparición de los créditos iniciales uno está metido de lleno en la trama.

Fuera de algunos momentos demasiado empalagosos entre Cruise y su supuesta novia, el 90 por ciento del filme se sostiene por las escenas de acción los tiroteos, las explosiones, las persecuciones en helicópteros, los allanamientos a rapel y la abundante adrenalina. Todo es realizado a contrarreloj y eso aumenta el suspenso que envuelve el relato.

Los mejores momentos son atribuibles a los enfrentamientos entre Tom Cruise y Philip Seymour Hoffman, sobre todo al segundo, dada su pasmosa calma en los momentos más y la crueldad que se anida tras sus buenos modales. El resto de los actores ocupa un lugar absolutamente secundario, al grado de que el guion los excluye hacia el último tercio del filme. De hecho, Jonathan Rhys Meyers, quien recientemente hizo el papel de su vida en Match Point , tiene cuando mucho un par de diálogos sin demasiada importancia.

El final es lamentable, por decir lo menos. En Duro de matar 3, Bruce Willis es sometido a las peores pruebas, golpeado hasta el cansancio e incluso sobrevive a la explosión de un helicóptero; después de todo eso, lo único que le importa es conseguir una moneda para llamar por teléfono a su exmujer. Misión: Imposible III se le parece en ese sentido y eso es odioso.

Nunca se ha explicado que en numerosas películas y programas de televisión la gente grite, sufra y esté a punto de morir, pero al llegar el fin todos se rían, como si nada hubiese sucedido. Eso es propio de un capítulo de Scooby-Doo, pero no de una cinta de acción que, lo digo en serio: merece la verdadera recomendación para ver en fin de semana.

 
 
 
 

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