FUERA DEL CIELO

DIRECCIÓN: Javier Patrón Fox
TÍTULO ORIGINAL: Fuera del cielo (2006)
PAÍS: México
GUION: Vicente Leñero, Guillermo Ríos
FOTOGRAFIA: Patrick Murguía
MÚSICA: Emmanuel del Real
DURACIÓN: 112 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Javier Patrón inició su carrera de director cuando aceptó hacerse cargo, en 2000, de un teledrama llamado Todo por amor, perteneciente a una breve pero afortunada etapa del género en México. Su primera incursión en cine se llama Fuera del cielo y hay que reconocerle que se trata de un trabajo de valía, en tanto que ha venido a borrar el mal sabor de boca que durante el 2006 nos dejaron producciones como Así del precipicio o Efectos secundarios, productos escandalosos, pero —perdónenme la expresión— bastante pinches.

La gran diferencia está en que además de revisitar la sordidez de la Ciudad de México y perderse en la oscuridad de una historia sobre la revancha y el ajuste de cuentas con el pasado, Fuera del cielo tiene entre sus fortalezas una parte de ruda ternura que lleva el relato a otro nivel.

Su protagonista, El Marlboro (Demián Bichir), vale por su silencio; el tipo es una puerta infranqueable a cuya mente es imposible entrar y a cuya historia sólo es posible acceder a través de lo que los otros personajes cuentan. Nada sabemos de él, excepto que ha estado cinco años en prisión.

A este silencio y a la pausa que el personaje impone a la cinta, siguen diálogos creíbles, exentos de fanfarronerías o de falso lirismo. Quienes arman el rompecabezas, quienes nos explican lo que vamos viendo son El Cucú (Armando Hernández), un chamaco de 22 años demasiado confiado en sus habilidades como ladrón, y el tío Jesús (Rafael Inclán), quien los ha criado desde niños.

Sólo el judicial gandalla interpretado por Damián Alcazar es tan bueno como estos tres. Podría decirse que se trata del "malo" del relato, pero en un lugar donde todos deben cuentas esta definición no cabe; en realidad lo que lo hace peor que el resto es que roba a la mala y con ventaja.

Fuera del cielo es en esencia otro relato en el que las vidas de varios desconocidos se cruzan en el México marginal, pero sin los estereotipos de siempre. Patrón escoje moverse al otro lado del primer cuadro de la ciudad, lejos de Tepito, que a estas alturas ha sido escenario de todas las películas que podían hacerse allí. Con menos folclorismo, pero más imaginación y guion, sus escenarios son las calles de Ayuntamiento, de Artículo 123, Revillagigedo y Victoria, lejos del alboroto de las grandes avenidas y al mismo tiempo tan convenientes como escondite de los raterillos de la zona.

Excepción hecha de la joven Martha Higareda (quien comienza a parecerse en todos sus papeles), el elenco es impecable, incluida una breve, pero memorable aparición de Isela Vega quien pasa de la repulsa más hiriente al cariño más entrañable en dos segundos.

Es cierto que la subtrama en la que se nos muestra a un honesto senador priista (Ricardo Blume) y a su hija (Itati Marta) lidiando con el hecho de que ella padece una enfermedad terminal, raya en el melodrama televisivo. Sin embargo, éste es apenas un accidente dentro de un relato que en lo importante se siente sólido.

No hay duda de que el final es más efectista que coherente, que nunca encontramos la pieza del rompecabezas que todos esperamos hallar desde un inicio y que quedan dudas demasiadas para darle al director debutante más que un sobresaliente.

Este filme que debió llamarse El Marlboro y El Cucú y cuyo nombre se modificó, ante la amenaza de sanciones por hacer publicidad no reglamentada para la marca cigarrera, es sin embargo una bocanada de aire fresco para el cine nacional. Bienvenida sea.

 
 
 
       

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