EL LOBO DE WALL STREET

DIRECCIÓN: Martin Scorsese
TÍTULO ORIGINAL: The Wolf of Wall Street (2013)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Terence Winter; basado en el libro homónimo de Jordan Belfort
FOTOGRAFÍA: Rodrigo Prieto
MÚSICA: Theodore Shapiro, Ahmad Jamal Trio y varios otros
DURACIÓN: 180 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Hoy, Jordan Belfort trabaja como conferencista y motivador, ofrece pláticas sobre estrategias de ventas para emprendedores, pero hace veintitrés años, en octubre de 1991, llamaba no sólo la atención de la revista Forbes, que lo consideraba "una suerte de torcido Robin Hood" que quitaba dinero a los ricos para repartirlo entre él y su banda de alegres brokers, sino también de la Comisión Nacional del Mercado de Valores de Estados Unidos que había iniciado investigaciones sobre su empresa bursátil.

El Lobo de Wall Street es el apretado pero también extenuante recuento que Martin Scorsese hace de los años de éxito de Belfort, y es, en toda la línea y en todos los sentidos, una cinta de excesos en la que el centro lo ocupa el extraordinario ascenso económico, el largo viaje de drogas, prostitutas, autos de lujo y yates, y la caída de un grupo de palurdos que no tienen otra cosa que codicia. Al frente de ellos está justamente Belfort (Leonardo DiCaprio) un protagonista que continuamente rompe la cuarta pared para explicar cómo perfeccionó su talento para defraudar a miles de personas mediante inversiones de enorme riesgo disfrazadas de sueños.

"El nombre del juego es mover el dinero del bolsillo del cliente al tuyo". Esa es la primera lección que Belfort aprende en el mercado bursátil y la que terminará perfeccionando hasta volverla un efectivo manual de tácticas de persuasión que enseñará a cada uno de sus colaboradores hasta formar un emporio de ganancias mal habidas llamado Stratton Oakmont, cuyas dinámicas se asemejan en distintos momentos a los de un negocio piramidal o una iglesia del movimiento de renovación carismática.

Sobrada de energía, la cinta de Scorsese era resumida hace poco por Indiewire como una borrachera cinematográfica de tres horas de sexo y drogas en medio de un caos de números imposible de seguir. No se equivocan, aunque el realizador es reiterativo en ello, en subrayar que nunca es suficiente, que su protagonista tiene un gran apetito que lo hace admitir su enojo por haber ganado apenas 49 millones de dólares en un año y no haber llegado a la meta de uno por cada semana del año.

Así, pues, igual que Goodfellas, este nuevo filme de Scorsese sigue colocando el dinero en el centro de las ambiciones. Los negocios y la avaricia son territorio netamente masculino, aunque en ésta sus personajes no usen armas en sus transacciones habituales, mientras que las mujeres son relegadas y existen apenas como objetos decorativos y de uso. Sin embargo, aun en el exceso hay un discurso moral sobre el éxito de idiotas con vocación de estafadores y la multitud de otros idiotas que es capaz de inspirar esta filosofía del ganar mucho sin invertir casi nada. Gran película.

 
 
 
 
  

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