HULK, EL HOMBRE INCREÍBLE/EL PRIMERO

DIRECCIÓN: Frank Orsatti
TÍTULO ORIGINAL: The Incredible Hulk: The First (1981)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Andrew Schneider
FOTOGRAFÍA: John McPherson
MÚSICA: Joe Harnell
DURACIÓN: 98 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Durante los cuatro años que se mantuvo al aire el serial televisivo Hulk, el hombre increíble, la historia se ocupó una y otra vez de los intentos de su protagonista por controlar al monstruo en el que se había transformado tras un fallido experimento y de su interminable huida de la cacería emprendida por un reportero de la prensa escrita. Tres años después de su estreno, en marzo de 1981, y luego de 69 episodios semanales, llegaron los que quizá son los dos mejores capítulos de toda la serie.

Con un guion de Andrew Schneider y la dirección de Frank Orsatti, "El primero" ("The First") se inicia con la llegada de David Banner (Bill Bixby) a un pequeño pueblo en el que los trabajos de Jeffrey Clive, un experto en radiología, originaron el nacimiento, hacia finales de los años cuarenta, de una criatura asesina de piel verdosa y fuerza sobrenatural, la cual desapareció misteriosamente con la muerte del científico.

La búsqueda de las notas de trabajo del investigador, que para Banner significan la posibilidad de encontrar una cura a su propio problema, inquietan a más de uno en el pueblo, pero muy en particular a Dell Frye (Harry Townes), un tipo iracundo, disminuido por la artritis, pero que conoce tan íntimamente cada detalle acerca del nacimiento y muerte de aquel monstruo, que no duda en usar a Banner para hacerlo volver.

Por supuesto, la idea de enfrentar al protagonista a un villano que sufre las mismas aterradoras metamorfosis que él, funciona bastante bien como un elemento que genera auténtico interés en el capítulo, sobre todo si se piensa en el inevitable enfrentamiento final.

Pero si algo llama la atención por sobre todas las cosas es la seriedad con que el cuadro de actores parece haber asumido la grabación de este doble episodio. Por ejemplo, a pesar de haber hecho durante cinco temporadas al apacible doctor Banner, Bill Bixby tuvo pocas veces un desempeño tan sobresaliente en su trabajo en televisión. Si la ira o la frustración eran el botón que accionaba las transformaciones, ésta es una de esas actuaciones que lo convencen a uno de que hay un buen actor detrás del personaje.

Es cierto que el diseño de producción no podía echar mano de elementos técnicos con los que hoy cuentan prácticamente todas las producciones y que la idea de ciencia de sus realizadores era la de enormes gabinetes y consolas con luces parpadeantes; no obstante lo anterior y algún error de continuidad, el cuadro de actores, el trabajo de maquillaje y los modestos efectos especiales con que contaba la serie fueron suficientes.

Este episodio representó también una novedad, pues de un modo u otro rompió con el esquema repetido vez tras vez durante la serie: Banner llegaba a un pueblo en el que generalmente se le veía como un indeseable forastero, conseguía un empleo, se involucraba con los protagonistas de la historia en turno, se enfrentaba a problemas que lo hacían sufrir dos metamorfosis, el monstruo tenía un papel fundamental en el desenlace y Banner huía de nuevo, con el reportero del National Register siguiéndole los pasos.

 
 
 
 
 
       

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