LA FORMA DEL AGUA

DIRECCIÓN: Guillermo del Toro
TÍTULO ORIGINAL: The Shape of Water (2017)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Guillermo del Toro, Vanessa Taylor
FOTOGRAFIA: Dan Laustsen
MÚSICA: Alexandre Desplat
DURACIÓN: 123 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Recientemente, Guillermo del Toro refrendó su fidelidad a los monstruos, en los que ha creído desde niño. Los llamó “los santos patronos de nuestras bellas imperfecciones”, convencido de que éstos lo han salvado y lo han absuelto. Su más reciente película, La forma del agua, confirma la fe de Del Toro en las fábulas y los cuentos de hadas habitadas de extraños seres creados por nuestros temores y ansiedades.

Notable en su construcción visual y al mismo tiempo poseedora de una bella simpleza, la historia tiene lugar en Baltimore durante los primeros años de la Guerra Fría. Su protagonista es Elisa (Sally Hawkins), una joven muda, empleada de limpieza en una instalación militar donde se guardan secretos y se realizan experimentos que buscan darle a los Estados Unidos ventaja sobre los soviéticos.

Con una vida rutinaria y sin relaciones afectivas más allá de las que mantiene con su vecino Giles (Richard Jenkins) y Zelda (Octavia Spencer), su compañera de trabajo –con quienes tiene en común una profunda soledad–, Elisa asume con enorme curiosidad, más que con miedo o sorpresa, la llegada al lugar de un ser anfibio atrapado en el Amazonas y que se asemeja al monstruo de la Laguna Negra de aquella cinta de 1954.

La forma de ganarse la confianza de esta criatura es compartirle de su comida, hacerle escuchar discos de Benny Goodman y enseñarle algo de lenguaje de señas, con lo cual logran romper el silencio que comparten, junto con algunas cicatrices por el abuso del que han sido víctimas antes. Lejos de cualquier asomo de miedo, entre ambos surge un sentimiento profundo, pues uno al otro se rescatan de la invisibilidad. “Cuando él me mira –dice ella–,  no sabe que estoy incompleta. Él me ve por lo que soy, por cómo soy. Y está feliz de verme cada vez, todos los días”.

Esta extraña historia de amor sucede, curiosamente, en un contexto totalmente deshumanizado, una burocracia anticomunista encarnada por el agente Strickland (Michael Shannon), un arquetípico wasp que considera al monstruo una afrenta a Dios y que sin más apoya la idea de matarlo y diseccionarlo, antes que intentar aprender de él.

Acaso, la mayor complicación que entraña La forma del agua es definir el género en el cual se ubica, pues aun como fábula fantástica elude toda inhibición al dibujar y dar dimensión a personajes a los que despoja de toda candidez. A riesgo de hacer una lectura equivocada, podría decirse que la cinta es un manifiesto. Después de llevar su trabajo al Festival Internacional de Venecia, Guillermo del Toro que como mexicano sabe lo que es ser visto como “el otro” Y ahí está el corazón de esta, su última obra: en expresar que alguien es diferente sólo en función de cómo la miran los otros.

 
 
 
 
       

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