ERAGON

DIRECCIÓN: Stefen Fangmeier
TÍTULO ORIGINAL: Eragon (2006)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: Peter Buchman; basado en la novela de Christopher Paolini
FOTOGRAFÍA: Hugh Johnson
MÚSICA: Patrick Doyle
DURACIÓN: 104 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Después de dos épicas fantásticas como El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia, un trabajo como Eragon (Estados Unidos-Reino Unido, 2006), la primera parte de la trilogía El legado, parece no tener futuro.

Basada en el trabajo homónimo de Christopher Paolini, un joven norteamericano de 23 años, cuya obra abreva tanto J.R.R. Tolkien, en lo literario, como de George Lucas, en lo fílmico, esta adaptación ofrece muy poco para rescatar, a no ser por un aceptable trabajo del equipo de efectos especiales, que al fin y al cabo es lo que mejor sabe hacer su director, Stefen Fangmeier.

La línea argumental tiene tanta originalidad como uno pueda hacerse el desmemoriado; básicamente, Alagaësia es un reino tiranizado por un hombre cruel llamado Galbatorix (John Malkovich), quien en el pasado había servido como parte de una legión de caballeros, quienes con la ayuda de varios dragones mantenían la paz.

Convertido en el señor absoluto de esa tierra, su poderío se tambalea cuando un joven granjero llamado Eragon (Edward Speleers) encuentra un huevo de dragón que lo convierte en la única esperanza de liberación para los habitantes de Alagaësia, aunque antes tendrá que encontrar a un maestro, conocedor del poder de lo dragones, que lo adiestre antes de convertirse en caballero e intentar vencer al déspota.

Muy por encima de que la trama parezca una simple reelaboración de personajes como Luke Skywalker, Obi-Wan Kenobi y Darth Vader, sólo que colocados en algo parecido a la Tierra Media de Tolkien, la mitología de Eragon es poco genuina, casi nada novedosa, aparentemente más preocupada por dotar a sus seres ficticios de nombres característicos, para no decir simplemente raros, y reciclar fórmulas cuya efectividad probó la trilogía Peter Jackson.

Amén de que resulta penoso ver a John Malkovich haciendo un mínimo de esfuerzo en un papel que simplemente no le queda, o ver a Jeremy Irons esforzándose para sacar adelante un personaje mediocre, el filme entero tiene la cualidad de remitirnos constantemente a películas que han contado esta historia, sólo que mejor.

Con toda honestidad, 20th Century Fox tendría que pensar muy bien en introducir cambios sustanciales antes de rodar las secuelas de esta historia, Eldest y Empire. Lo primero, sería sacudirse la desmesurada cautela con que filmaron Eragon, a sabiendas de que la gente la vería como una mala copia de otras producciones. Al final, su cinta no emociona ni sorprende, no introduce cambios significativos para el género; actores como Irons, Malkovich o Rachel Weisz (en la voz de la dragón Saphira) resultan mucha pieza para personajes con tan poca dimensión; asimismo los efectos especiales a cargo de Industrial Light & Magic acaban pareciendo sobrados para un trabajo que desborda de ingenuidad.

Elfos, dragones y héroes que se enfrentan a un oscuro villano; un elegido que es dueño de algo único que lo vuelve esperanza e inspiración de los hombres. ¿Por qué tendríamos que volver al cine para ver una historia que ya nos contaron tantas veces?

 
 
 
 
       

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