ELYSIUM

DIRECCIÓN: Neill Blomkamp
TÍTULO ORIGINAL: Elysium (2013)
PAÍS: Estados Unidos
GUIÓN: Neill Blomkamp
FOTOGRAFÍA: Trent Opaloch
MÚSICA: Ryan Amon
DURACIÓN: 109 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Hay en las dos películas del sudafricano Neill Blomkamp un discurso sobre la desigualdad social que pese haber ganado en presupuesto, ha perdido en sofisticación. Todos los elementos que en Sector 9 le habían permitido acercarse de forma inteligente al tema del apartheid, en Elysium se vuelven ruido distractor ante la obviedad de un mensaje político acerca de la guerra de clases, el cual sustituye la vertiente más rompedora de la crítica social: aquella que habla de los prejuicios colectivos.

Estamos en el año 2154 y los seres humanos han sido divididos en dos grupos. En la parte baja de la pirámide se encuentra una multitud de obreros que viven miserablemente en una contaminada y sobrepoblada Tierra en la que, además las normas se han vuelto más rígidas y punitivas. Arriba, una clase social que puede pagar por el confort de la vida en una estación espacial artificial llamada Elysium, cuyo crecimiento se da de manera armónica y ordenada.

Sin embargo, más allá de las comodidades, los habitantes de Elysium pueden acceder en cualquier momento a un bien invaluable: una pequeña estación médica que permite reparar el cuerpo de cualquier problema físico y eliminar enfermedades que sin tratamiento serían mortales, mientras el resto de la población en el planeta sólo recibe medicamentos para paliar el dolor, conformándose a que no hay más nada qué hacer.

Supuestamente situada en Los Ángeles, pero realmente filmada en los barrios pobres de la Ciudad de México, que ofrecen un panorama deprimido de tonos gris y ocre, la historia parece seguir a un ciudadano común, Max (Matt Damon), trabajador de una armadora, donde accidentalmente recibe una dosis mortal de radiación y para quien la única esperanza es conseguir un pasaporte falso para viajar al espacio, penetrar de manera ilegal y mediante engaños buscar su cura.

La crítica de Blomkamp a las políticas migratorias de las naciones más poderosas del orbe y a los planes de los países pobres y emergentes en materia de salud, está servida. Sin embargo, el contenido es rápidamente devorado por las escenas de acción y los efectos especiales; el gran villano que al principio era una burocracia de seres sin voluntad es reemplazado por una máquina de combate, y el hombre común que era nuestro protagonista resulta ser un predestinado a una gran misión en favor de la humanidad.

Mientras más profundiza en el espectáculo visual, Elysium va volviéndose más complaciente y genérica, lo suficiente al menos para que nos hallemos al final una versión en el espacio del triunfo del proletariado. Justamente, Sector 9 tenía la habilidad de hablar de la podredumbre social sin que la historia pareciera aludirnos de manera explícita. Aquí el mensaje es un manifiesto.

 
 
 
 
 
       

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