TODO SUCEDE EN ELIZABETHTOWN

DIRECCIÓN: Cameron Crowe
TÍTULO ORIGINAL: Elizabethtown (2005)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Cameron Crowe
FOTOGRAFÍA: John Toll
MÚSICA: Nancy Wilson
DURACIÓN: 123 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Cameron Crowe tiene un problema mayor en su cinta Elizabethtown y es que no logra encontrar nunca un tono consistente. La trama parece muy simple en esencia, pero el resultado está lleno de fallos. Drew Baylor (Orlando Bloom) es un joven diseñador de zapatos deportivos que pasa por un momento miserable en su carrera y está a punto de suicidarse. En medio de su fracaso personal, su padre muere en Elizabethtown, un pequeño pueblo de Kentucky, a donde se ve obligado a viajar para hacerse cargo del funeral.

Durante su vuelo conoce a Claire Colburn (Kirsten Dunst), una aeromoza guapa, simpática y demás, que uno supone que le cambiará la vida. Y así es.

Más allá de lo que aparece como un despropósito del guion —ya que Bloom es presentado como el responsable único del fracaso comercial de una línea de tenis lanzada por un corporativo tipo Nike o Reebook, simplemente por haberla diseñado— la forma en que estos dos personajes traban su relación se siente artificial y forzada.

Esta especie de amistad inicial entre ambos —que además transitará previsiblemente hacia el romance— tiene tintes ingenuos que la hacen parecer una cinta rosa de amor netamente adolescente. Uno no logra descifrar hacía dónde quiere llevar Crowe su película, ya que al mismo tiempo en que pretende hacer una comedia romántica ligera, intenta entrar sin éxito al drama familiar que paralelamente viven la madre y la hermana de Drew por la muerte del jefe de la familia.

Lo mejor de la cinta está curiosamente en lo menos explotado por el director: Elizabethtown nos es presentado como un pueblo pequeño, ruidoso, lleno de gente algo excéntrica, pero de una solidaridad tan aplastante y fantástica que al final uno lamenta que la historia no transite más por esta idea del arraigo, del sentimiento de pertenencia y de la vida de la comunidad.

Otro gran acierto está en el road trip que ocupa los últimos veinte o veinticinco minutos del filme y que representa el viaje por carretera que Drew y su padre nunca hicieron mientras éste último vivía. Con mucho más fuerza que el primer tercio de la cinta en la que Orlando Bloom no logra convencer a nadie de que quiere suicidarse, y con una banda sonora envidiable como marco, este final tiene un tono genuinamente introspectivo que el resto del paquete no tiene, aun si el segmento parece insertado de manera artificial, más que haber sido concebido como parte del relato o consecuencia de otros sucesos.

Elizabethtown no es un filme insufrible, ni mucho menos, aunque sí se siente como un producto partido en tres que incluye un pésimo melodrama, una comedia mediana con pequeños momentos luminosos y una rescatable road movie.

Cameron Crowe —antes director de Vanilla Sky, Jerry Maguire y Casi famosos— comete un error final: dejarse deslumbrar por el encanto de Kirsten Dunst mientras pone a Judy Greer y Susan Sarandon en papeles pobrísimos. Esta última tiene incluso una participación hacia el final de la película, sin pies ni cabeza, que lo deja a uno pensando simplemente a qué viene todo aquello. Quizá sólo se trate de un error de apreciación.

 
 
 
 

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