DUPLEX

DIRECCIÓN: Danny DeVito
TÍTULO ORIGINAL: Duplex (2003)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Larry Doyle
FOTOGRAFÍA: Anastas Michos
MÚSICA: David Newman
DURACIÓN: 97 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Es algo extraño que varias de las películas de Danny DeVito como director no puedan verse más que en video o en presentaciones por televisión en nuestro país cada vez más raras, y que no se les haya exhibido en las salas de cine. Dos ejemplos muy recientes de ello, son Maten a Smoochy (2002) y Duplex (2003).

Esta última, que podría parecer una comedia romántica más, quizás en la línea de otras cintas recientes de Drew Barrymore como Amor en juego y Como si fuera la primera vez, en realidad está dos pasos adelante, gracias en parte a la manera en que lo involucra a uno en una experiencia culposa de odio por un ser humano.

Igual que lo hace en Matilda (1996), La guerra de los Roses (1989) y Bota a mamá del tren (1987), DeVito explora la parte más pérfida y desagradable de las personas, sin reparar en consideraciones francamente ridículas sobre el sexo y la edad. Eso es algo de lo que hace muy bien el director: mostrar la parte mala y cabrona detrás de seres a los cuales nos venden como adorables e inofensivos.

Alex (Ben Stiller) y Nancy (Drew Barrymore) son una joven pareja neoyorquina. Ella trabaja para una prestigiosa revista y él escribe su segundo libro. En busca de un departamento, un agente inmobiliario los lleva a Brooklyn, donde dan con una casa dúplex que parece perfecta. Dadas las leyes de arrendamiento norteamericanas, se ven obligados a comprar el lugar con una inquilina en el piso superior, la señora Connelly (Eileen Essell), una viejecita de avanzada edad y salud aparentemente precaria, que no parece representar un gran problema.

Sin embargo, por más predecible que parezca el cuento, DeVito da en el clavo convirtiendo a la bendita anciana en la encarnación de los sujetos más indeseables con los que uno trata diariamente: el tipo que se mete en la fila, la señora que atropella a todos en el Metro para apartar tres lugares o el vecino que te deja la basura en la puerta. Con todo, Eileen Essell, en una estupenda actuación, no deja ver un solo rasgo perverso en su papel.

Toda esa dosis de agresión pasiva es parte de la gracia del relato y de la alevosía del director, que mete a sus personajes y al espectador en un dilema: cómo impedir que la mujer invada la intimidad de otros, que sea tan irritantemente inoportuna y desconsiderada, cuando parece un ser tan frágil y desprotegido.

Aunque algunas de las situaciones no funcionan como deberían a nivel de risa, hay cuatro o cinco secuencias verdaderamente bien ejecutadas que valen todo el filme y que curiosamente se valen de simples imágenes y prácticamente cero diálogos.

Duplex está llena de humor negro y un furor destructivo que divierte y además hace reír. DeVito es, por su parte, la evidencia de que aún fórmulas probadas de la comedia pueden retomarse, desempolvarse y usarse bien si se ponen en las manos adecuadas. De la misma forma que en el teatro se monta una y otra vez la misma obra, hay días afortunados y días simplemente geniales.

Esta cinta tiene elementos que se han visto más veces de lo que uno quisiera; sin embargo, se agradece que DeVito lo haga tan bien que uno pueda verlo de nuevo y que el chiste siga teniendo gracia.

 
 
 
 

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