X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO

DIRECCIÓN: Bryan Singer
TÍTULO ORIGINAL: X-Men: Days of Future Past (2014)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: Simon Kinberg
FOTOGRAFIA: Newton Thomas Sigel
MÚSICA: John Ottman
DURACIÓN: 132 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Las tres primeras cintas de los X-Men, con Bryan Singer y Brett Ratner en la dirección, insistían sobre una misma idea: humanos con mutaciones genéticas que los hacían tener capacidades inusuales y que hacían a otros mirarlos con miedo y segregarlos. Obligados a vivir excluidos o escondidos, los mutantes se habían agrupado en dos bandos con ideas distintas de cómo hacer frente a una sociedad prejuiciosa que cree que deben ser "curados".

En la nueva cinta, X-Men: Días del futuro pasado, se nos propone la idea de un futuro apocalíptico en el que los mutantes son perseguidos, capturados y exterminados por un grupo de androides entrenados como cazadores, de modo que unos y otros, con Charles Xavier y Magneto (Ian McKellen y Patrick Stewart) al frente, deberán unir sus fuerzas. Desgraciadamente, la única forma de ganar esta guerra es viajar al pasado y cambiar el curso de los acontecimientos.

Con los poderes de Kitty Pryde (Ellen Page), Wolverine (Hugh Jackman) es enviado a 1973 para tratar de evitar un hecho que desencadenará con el tiempo esta gran cacería de mutantes. Inevitablemente, la cinta hace plantearse preguntas que surgen, primero, de varias inconsistencias con lo establecido tanto en la trilogía original como en el spin-off de Wolverine y, en segundo lugar, de las paradojas espaciotemporales que se supone se originarían de manipular el pasado. Es inútil; no hay respuesta alguna para esas dudas.

Lo que entrega al final Bryan Singer es una pieza entretenida, de anécdotas peculiares que insertan a sus personajes en la historia mundial del último medio siglo, pues si antes se les había involucrado en la crisis de los misiles de 1962, en esta entrega se hace a Magneto partícipe del asesinato del presidente Kennedy. Sus logros son modestos en el plano visual, pues el equipo creativo no diseña esta vez batallas apabullantes, sino que se empeña en impresionar a través del detalle en el trabajo (la secuencia en la cual Magneto es rescatado del Pentágono con la ayuda de un mutante mil veces más rápido que una bala es memorable).

En lo sustancial, sin embargo, el director parece haber decidido por una película complaciente con los fans y en consecuencia menos comedida con un sector del público más crítico con los fallos y las inconsistencias en el guion. El tiempo en pantalla está reservado a Hugh Jackman, James McAvoy y Michael Fassbender (estos dos últimos en el papel de los jóvenes Xavier y Magneto), mientras el resto del enorme elenco se desdibuja o se agota en la reiteración. Pero el intrincado juego de tiempos que arma Singer parece tener un objetivo mucho más de fondo: eliminar el pasado, pretender que los hechos de X-Men: The Last Stand no sucedieron y desde ahí abrir camino a nuevas historias.

 
 
 
 
  

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