CUESTIÓN DE TIEMPO

DIRECCIÓN: Richard Curtis
TÍTULO ORIGINAL: About time (2013)
PAÍS: Reino Unido
GUION: Richard Curtis
FOTOGRAFÍA: John Guleserian
MÚSICA: Nick Laird-Clowes
DURACIÓN: 123 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Desde Realmente amor, su primera película como director, y otras comedias anteriores de las que fue guionista (Cuatro bodas y un funeral y Un lugar llamado Notting Hill), Richard Curtis se propuso hacer cine comercial alejándose de los tópicos habituales del género, introduciendo elementos nuevos y dándole vida a las historias desde otro lugar: el humor y la gran posibilidad de comedia que hay en cada pequeño episodio del enamoramiento de una pareja.

Más allá de la superficie, donde la moraleja final es tan obvia como la sabiduría de una galleta de la fortuna, las historias de Curtis intentan hablar de las relaciones que importan, a través de personajes que enfrentan problemas mundanos y cuyas emociones generalmente se sienten reales y creíbles. En Cuestión de tiempo, el realizador propone involucrarse en un juego y aceptar una premisa fantástica como una manera de plantear su idea más importante; es decir, que las segundas oportunidades suelen no existir.

El día de su cumpleaños número veintiuno, Tim (Domhnall Gleeson) recibe la revelación de una herencia guardada en secreto. Su padre (Bill Nighy) le cuenta que todos los hombres de su familia han tenido desde siempre la habilidad de volver en el tiempo para tratar de arreglar cualquier momento de su propia vida, y para ello, basta con refugiarse en un lugar oscuro, cerrar los ojos y apretar los puños.

Durante toda la primera hora, el protagonista emplea su don en tratar de conseguir una novia, perfeccionando detalle a detalle sus torpes lances con las mujeres, fracasando sin importar la cantidad de veces que lo intente. Sin embargo, una noche, durante una cita a ciegas en un restaurante, finalmente conoce a Mary (Rachel McAdams), una chica con quien no parece haber necesidad de poner marcha atrás en el tiempo. Desgraciadamente, Tim no puede evitarlo y también intenta cambiar sucesos dolorosos de otros a su alrededor, creando paradojas temporales que terminan por borrar momentos y encuentros.

Así, cada salto al pasado termina por volverse una suerte de coleccción de bloopers, de tomas fallidas de una película cuya edición final ha eliminado todo lo espontáneo e improvisado, lo imperfecto y lo inesperado, atenuando en demasía los tropiezos y los tramos desagradables que también forman parte de la vida. Con indudables similitudes con El Día de la Marmota (aquella cinta en la que Bill Murray vivía una y otra vez el mismo 2 de febrero) y la más reciente Te amaré por siempre (también protagonizada por Rachel McAdams), Cuestión de tiempo es una película bonita, edulcorada y miope en su idea de felicidad, pero que alcanza a decir algo sobre lo irrecuperable y lo irreparable.

 
 
 
 
  

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