LOS CUATRO FANTÁSTICOS

DIRECCIÓN: Tim Story
TÍTULO ORIGINAL: Fantastic Four (2005)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Mark Frost, Michael France; basado en los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby
FOTOGRAFÍA: Oliver Wood
MÚSICA: John Ottman
DURACIÓN: 106 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Hace 25 años, cuando en México comenzaba a transmitirse la serie animada de 1978, Los Cuatro Fantásticos me parecían un producto poco atractivo. Mi opinión, después de ver la película de Tim Story, no ha cambiado mucho, y de hecho dudo mucho que los verdaderos fanáticos del cómic de Marvel se sientan medianamente contentos con la adaptación cinematográfica. Razones hay de sobra.

Cuando Los Cuatro Fantásticos nacieron, allá por 1961, el hombre no había llegado a la luna, por lo que su historia tenía mucho de novedosa y de intrigante. Su creador, Stan Lee los plantó entonces como una respuesta a los héroes de su competidora DC Comics, más cerca de los semidioses que de los hombres. Los fantásticos, pues, eran humanos, con una vida pública —e incluso con hijos— en la ciudad de Nueva York, trastocada luego de su accidente en el espacio.

Sin embargo, todo eso parece ser pura superficialidad para el director y el equipo de guionistas, que parecen haberse esforzado muy poco en actualizar el relato y darle cierta consistencia.

Sabemos que los protagonistas son gente de ciencia y suponemos que trabajan en el campo de la genética, además de que ocupan de ir al espacio para echar a andar una serie de experimentos que les permitirán avanzar en su investigación.

Lo que el guion no permite averiguar es el tiempo en el que se desarrolla el relato; aunque vemos una imagen actual de Nueva York, la ciudad ya parece ser propiedad de un hombre muy rico, llamado Victor Von Doom, que tiene una estación espacial propia, que puede financiar una investigación fuera de la atmósfera terrestre —incluso se da el lujo de viajar en plan de simple observador—, pero que no puede pagar la hipoteca de su empresa.

Otra vez, director y guionistas consideran ocioso hablarnos de los preparativos y las complicaciones de un viaje de éstos, de modo que sin decir agua va, los vemos a todos en una suerte de Holiday Inn, nomás que a miles de metros sobre la superficie de la Tierra. Y si pensábamos que ser científico significa estar out en cuestiones de moda, estábamos equivocados, ya que Susan Storm (Jessica Alba) se nos aparece todo el tiempo en trajes entallados, perfectamente maquillada y como recién salida del salón de belleza.

El accidente que tienen los protagonistas no es muy claro, porque tampoco nos lo explican bien, lo cual nos lleva a un segundo problema: entender cómo el DNA de una persona puede modificarse al grado de que su cuerpo y sus órganos vitales se conviertan en cascajo de construcción —como en el caso de Ben Grimm, La Mole— o en material para hacer baterías de cocina —como en el caso del Dr. Doom.

Los móviles del villano son tan poco claros como el resto; los efectos especiales no están para morirse y las actuaciones, en su mayoría, son incapaces de mostrarnos una sola emoción identificable.

Para rescatar, hay sólo dos cosas: la belleza de Jessica Alba y el trabajo meritorio de Michael Chiklis como La Mole, paradójicamente el único ser vivo en el filme. En detrimento de su personaje, el guion intenta mostrar que debajo de la apariencia hay personas que ven lo bueno de uno, tal es el caso de una joven invidente a quien Ben conoce en un bar. El mensaje, ya entrados en gastos, es que se necesita estar ciega o borracha para que a una mujer le guste alguien como él.

En conclusión, si lo que quiere es una buena película de superhéroes con problemas de a de veras, mejor ver Los Increíbles de Pixar. Los personajes tienen los mismos poderes, pero son más interesantes; tienen emociones y son humanos. Además el cartel promocional es igualito en los dos casos.

 
 
 
 

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