CAPITÁN PHILLIPS

DIRECCIÓN: Paul Greengrass
TÍTULO ORIGINAL: Captain Phillips (2013)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Billy Ray; basado en el libro A Captain's Duty, de Richard Phillips y Stephan Talty
FOTOGRAFÍA: Barry Ackroyd
MÚSICA: Henry Jackman
DURACIÓN: 134 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Para valorar una película como Capitán Phillips es necesario llegar hasta los últimos minutos y ver a Tom Hanks, interpretando a un hombre íntegro y profesional, mientras se desmorona y sufre las primeras trazas del estrés postraumático, después de sufrir un violento secuestro en medio del océano, al otro lado del mundo, durante una operación que parecía ser de rutina.

Al frente del proyecto aparece el director inglés Paul Greengrass, quien en Vuelo 93 (2006), uno de sus anteriores trabajos, ya había hecho la crónica de una tragedia humana en la que los héroes eran justamente las víctimas mortales del 9/11, alcanzando la verosimilitud en la recreación de un relato del que conocíamos el final, pero en el que las historias a bordo sólo podían armarse de los pequeños trozos que habían quedado.

En esta pieza, el realizador vuelve a utilizar un estilo semidocumental para narrar otro hecho real ocurrido en 2009: la captura del carguero Maersk Alabama en el Golfo de Aden (el primer secuestro en dos siglos de un barco estadounidense), por parte de un pequeño grupo de piratas somalíes, quienes después de cometer varios errores intentan huir en un bote salvavidas, tomando al capitán Richard Phillips como rehén.

La forma sobria de abordar este episodio le permite a Greengrass rehuir el espectáculo sentimental y el juicio moral aun sobre los violentos, permitiendo que la frontera absoluta entre buenos y malos vaya diluyéndose. Los personajes adquieren dimensión humana a fuerza de verlos enfrentar sus dificultades cotidianas en los minutos iniciales. Los vínculos afectivos se quedan en tierra y la historia elimina prácticamente toda referencia a las familias y su dolor, de modo que en la plataforma del barco termina por haber sólo víctimas inocentes.

Aunque quizá podría haberse hecho una edición más apretada, el ritmo imparable de la cinta, marcado por una cámara que se mueve nerviosa por los distintos niveles del barco, lleva a momentos verdaderamente tensos. Destacable también Barkhad Abdi, un joven que jamás había actuado de manera profesional, pero que aquí interpreta al líder de los asaltantes somalíes y es capaz incluso de robarle un momento a Tom Hanks, el protagonista absoluto, y decirle "Mírame. Ahora yo soy el capitán".

Al final —como advierte el mismo director—, lo que queda es una historia de resistencia y una batalla de voluntades terminada a la fuerza, pero en la que, otra vez, sólo hay víctimas.

 
 
 
 
 
       

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