BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE

DIRECCIÓN: Christopher Nolan
TÍTULO ORIGINAL: The Dark Knight (2008)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: Jonathan Nolan, Christopher Nolan
FOTOGRAFIA: Wally Pfister
MÚSICA: Hans Zimmer, James Newton Howard
DURACIÓN: 152 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Christopher Nolan podría haber filmado ya su película más desoladora y agobiante. Hace tres años arrancó las mejores páginas de las historietas de Batman para hacer con ellas Batman inicia. Con las mejores viñetas que se han dibujado sobre El Guasón ha logrado un espectáculo aterrador y, de lejos, su mejor película.

El Caballero de la Noche no deja de centrarse en la oscura figura del enmascarado y las razones que se esconden tras su violenta cruzada contra los delincuentes de Gotham City. Esta vez, Nolan explora las consecuencias de arrinconar al crimen de una ciudad y de dejarla sin los naturales liderazgos que equilibran y controlan la actividad. El guion plantea un escenario distinto y desolador porque plantea que sólo es posible combatir el crimen y la corrupción; fuera de la lógica de estos dos, todo es indefensión.

Ahí encuentra su sitio El Guasón (Heath Ledger), un sujeto trastornado, de aspecto grotesco, con el rostro resquebrajado y cubierto de maquilaje blanco, cuya característica más inquietante es ser un bufón que se deleita no sólo del miedo y del asesinato a gran escala, sino que encuentra increíble placer en todo lo que lo acerca a su propia destrucción.

Por eso, cuando el héroe intenta explicarse qué mueve a alguien como El Guasón, la respuesta viene de una vieja anécdota contada por Alfred (Michael Caine) sobre otro viejo criminal: "Algunos hombres no buscan nada lógico, como dinero. No se les puede comprar ni amenazar, no razonan y no se puede negociar con ellos. Hay hombres que sólo quieren ver al mundo en llamas".

Por eso justamente, Batman. El Caballero de la Noche puede resultar un espectáculo apabullante. La trama dice constantemente que la fe en la sociedad no es suficiente, tampoco lo es que un grupo de gente buena e incorruptible se una; eventualmente todos terminarán muertos o actuando al margen de la ley —ahogados de rabia y frustración— cuando la violencia finalmente los alcance. De ahí que la gran premisa del filme esté contenida en una frase: "O mueres siendo un héroe, o vives lo suficiente para convertirte en villano".

El freak que interpreta el fallecido Heath Ledger es la respuesta a un héroe como Batman, capaz de exhibir su rostro más oscuro cuando sus miedos son pulsados. Es el personaje más relevante, sin duda; pero a lo largo de dos horas y media vemos un desarrollo de personajes poco usual. Alfred (Michael Caine), James Gordon (Gary Oldman), Lucius Fox (Morgan Freeman), Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal); todos ellos tienen una complejidad que no habían mostrado en la precuela de 2005.

Christopher Nolan tiene fe en su guion y tiene la sensatez de apoyar toda su película en una historia que juzga suficientemente sólida, sin obligación de explicar el origen de personajes o rebuscar en su pasado. Me gusta esta nueva forma de entender el cine de superhéroes; la era de la inocencia llegó a su fin, las tramas son más complejas y agresivas porque se acercan más a lo humano.

Y el Batman de Nolan no podría ser más humano.

 
 
 
 
       

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