BATMAN

DIRECCIÓN: Tim Burton
TÍTULO ORIGINAL: Batman (1989)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Sam Hamm, Warren Skaaren; basado en los personajes de la historieta de Bob Kane
FOTOGRAFÍA: Roger Pratt
MÚSICA: Danny Elfman
DURACIÓN: 126 minutos

 
       

Héctor Campio López | @campiolopez

En 1987 Warner Bros. asesinó, a fuerza de desgastarla con argumentos pobres, una valiosa franquicia con la película Superman IV del director Sydney J. Furie. Sin embargo, dos años después la compañía regresó por sus fueros para demostrar que el cine de superhéroes daba para más con Batman, el personaje creado por Bob Kane para DC Comics en 1939.

Vista en retrospectiva, Batman (1989) promovió una tendencia y fue punta de flecha para el asalto de los superhéroes del cómic a las salas de cine. Después de él llegaron El Cuervo, El Fantasma, Blade, Spawn, Hombres X, Spiderman, Hulk, Punisher, Daredevil, Elektra, Hellboy, Gatúbela, Constantine, Los 4 Fantásticos y otros. Los resultados han sido desiguales.

Uno de los aciertos de Tim Burton, el director, fue desconocer el antecedente televisivo del personaje durante los sesenta. El nuevo Batman no tenía nada que ver con la serie familiar que interpretó Adam West con mallas grises, ligera barriga, batiteléfono, batitubos y letreros de Pow! y Biff! durante las peleas contra los malvados. Tampoco apareció Robin, el joven maravilla.

La reinvención del héroe pudo llevar la película al desastre, pero no fue así. La apariencia del Batman oscuro lo tornó demoníaco, violento y viril. Las rarezas estético-mortuorias de un director que venía de hacer Beetlejuice (1988) cuajaron en esta película y después se cristalizaron en El joven manos de tijera (1990).

El Batman de Burton es un hombre en una ciudad de pesadilla que debuta pateando ladrones de quinta y usando armas. No lo hace con mucha soltura, pero el rostro de Michael Keaton le da fuerza a esa máscara de cuello inmóvil. Bloquea sables con los puños, pilotea un jet hecho sobre pedido y pelea más que por la justicia, por amor a la mujer que ama. Pero nunca sonríe.

Su Bruce Wayne es un poco débil aunque tiene escenas de cama con una Kim Basinger que no rebasa los treinta y cinco (pero a la que el guion le pide gritos en cada escena), trata de ser reflexivo cuando recuerda a sus padres y muestra sus gustos extravagantes en sus fiestas de rico.

Gotham City también dejó su aspecto de colorida aldea y se volvió una urbe fría, percudida y nocturna con arquitectura gótico-industrial, población indigente y criminales que conviven entre rascacielos tenebrosos, estructuras de acero y vapor de coladera en las calles. El diseño de esta ciudad, que influyó notablemente en las secuelas de la serie, fue del malogrado Anton Furst (Cara de Guerra, 1987; Despertares, 1990), quien ganó el Oscar por esta película y luego se suicidó en 1991.

Burton reconoció en este trabajo la influencia de Frank Miller, reconocido escritor y dibujante de cómics, que escribió un par de exitosas series sobre el superhéroe en los ochenta. Esas fueron Batman: The Dark Knight Returns, que planteó la historia del héroe a los 55 años de edad y Batman: Year One, que lo ubicó en sus inicios. Ambas le devolvieron sus orígenes oscuros al hombre murciélago y abrieron paso a las historietas hechas para un público adulto.

Los cambios también afectaron la rúbrica musical del superhéroe, quien no tendría jamás vínculo alguno con el surf o el twist. En su momento se pretendió que Michael Jackson trabajara en los temas de la cinta, al final, Prince sorprendió con su Batdance y una serie de temas que carnavalizan las travesuras del Guasón, mientras Danny Elfman favorece instrumentalmente las apariciones del hombre de la máscara.

La cinta parece despedir la década de los ochenta, rememorando las estéticas de las películas gangsteriles con sus hombres en gabardina y sombrero, periodistas estereotipados y anuncios de neón en las calles.

El Jocker de Jack Nicholson es un gángster que encuentra una sofisticación colorida en la deformidad. El delirio de sus gestos, sus excesos al eliminar a sus enemigos, sus sarcasmos y su lenguaje para adolescentes y adultos, lo hicieron uno de los mejores villanos de este género de películas.

Aunque la historia es muy sencilla y vigente en todas partes (propone una sociedad criminalizada en tiempos electorales y que necesita un salvador), el atractivo subyace en el triángulo amoroso entre el héroe, la chica y el villano.

Hay algo que decir al respecto, cuando el regreso a los clásicos se convierte en pretexto para ocultar la falta de creatividad. Dieciséis años después, Batman sigue peleando contra armas químicas y gases venenosos, sigue revelando a una mujer su identidad secreta y sigue saliendo sólo por las noches. Lo único que ha cambiado, es que, cuando menos, los villanos de hoy ya no tienen móviles económicos, sino terroristas.

 
 
 
 

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